La tierra, ante todo

En Terre di Giorgio, la agricultura ecológica va más allá de una certificación: es nuestra manera de comprender el suelo, alternar los cultivos, cuidar los bosques y producir alimentos, vino y aceite pensando en quienes vendrán después.

Viñedos, olivares, cereales de variedades antiguas, legumbres, hortalizas y bosques no son espacios aislados: juntos forman un paisaje agrícola en equilibrio, a los pies del Monte Amiata.
Cultivar en ecológico significa prevenir antes que corregir. La fertilidad se construye con el tiempo; la salud de las plantas nace de la estructura del suelo, la biodiversidad y las labores más adecuadas para cada parcela.

Alternamos cereales, leguminosas y otros cultivos para no exigir siempre los mismos nutrientes al suelo. Las leguminosas favorecen el ciclo del nitrógeno; sus distintas raíces exploran diferentes capas del terreno y ayudan a interrumpir los ciclos de malas hierbas, plagas y enfermedades.
La rotación es uno de los pilares de la agricultura ecológica europea: contribuye a la fertilidad y a la salud del conjunto, aprovechando la diversidad de los cultivos.

Cuando el ciclo de cultivo lo permite, los abonos verdes de otoño protegen el terreno, alimentan su actividad biológica y aportan materia orgánica. En viñedos y olivares cuidamos la cubierta vegetal para limitar la erosión y la compactación.
Buscamos un suelo vivo que pueda sostener la calidad de nuestros productos a lo largo del tiempo, sin forzar la producción.

En algunas parcelas realizamos labores profundas y específicas en otoño para romper las capas compactadas, favorecer la infiltración del agua y preparar el suelo para el siguiente cultivo. No es una rutina: elegimos la profundidad, el momento y la maquinaria según el suelo, la pendiente y las condiciones reales.
Este cuidado es esencial en Val d’Orcia, donde la gestión del agua, el riesgo de erosión y la conservación de la estructura del suelo requieren decisiones agronómicas precisas.

En el viñedo, la poda busca respetar la circulación de la savia y la longevidad de la planta. La vendimia puede prolongarse hasta octubre, buscando la madurez de la uva y la expresión de cada lugar. En los olivares utilizamos la poda en vaso policónico, que favorece la salud de las copas y la recolección manual.
El vino y el aceite de oliva virgen extra son el fruto de un paisaje cuidado con paciencia.

Cada viñedo tiene un nombre, un suelo y una identidad agronómica propia. Cultivamos Sangiovese en Vigna Diana, Vigna delle Querce y Vigna 78; Cabernet Franc en las parcelas Casa nel Bosco Est y Casa nel Bosco Ovest; y Vermentino en Vigna del Fosso Est y Vigna del Fosso Ovest.
Vigna 78 es nuestro proyecto dedicado a la diversidad clonal del Sangiovese. Tres pequeños viñedos permiten observar y comparar distintos clones y portainjertos en las condiciones de la finca, para conocer mejor, con el paso del tiempo, la respuesta de las plantas y la identidad de cada lugar.
En la página de nuestros viñedos encontrarás fotografías y datos técnicos verificados de cada parcela: superficie, clones, portainjertos, sistema de conducción, hileras y número de plantas.

Los bosques de la finca ofrecen refugio a numerosas especies, protegen el suelo y almacenan carbono en la vegetación y en la tierra. Por eso son parte esencial de nuestra finca, no un espacio improductivo.
Hablamos de reserva de carbono, no de neutralidad climática. Para afirmar un balance neto haría falta una medición completa y certificada de las emisiones y las absorciones de toda la finca.

Esta misma filosofía llega a la copa, al aceite, a los platos del restaurante y a la experiencia de nuestros huéspedes. Quien se aloja en Villa La Palazzetta no contempla un campo creado para el turismo: entra en una finca agrícola viva.

Uvas, aceitunas, cereales de variedades antiguas, legumbres, hortalizas y otros cultivos que se alternan en las rotaciones de nuestras 120 hectáreas.
Para aprovechar mejor los nutrientes, mantener la fertilidad, diversificar las raíces y reducir la presión de malas hierbas, plagas y enfermedades.
Nuestros bosques almacenan carbono y tienen un gran valor ecológico. No afirmamos que compensen todas las emisiones: para declarar la neutralidad climática sería necesario un inventario completo y certificado.